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Skhūl I, el niño de 140.000 años que podría ser la mezcla más antigua entre Homo sapiens y neandertal

Israel. – Un estudio publicado en la revista científica L’Anthropologie ha generado un gran impacto en la comunidad científica al revelar nuevas interpretaciones sobre el cráneo de un niño que vivió hace aproximadamente 140.000 años en el Monte Carmelo, al noroeste de Israel. El fósil, conocido como Skhūl I y hallado en 1931 por la arqueóloga Dorothy Garrod y el antropólogo Theodore McCown, podría representar la evidencia más antigua de mezcla entre Homo sapiens y neandertales, lo que cambiaría de manera significativa la comprensión del origen y evolución de nuestra especie.

El niño, de entre 3 y 5 años, habría sido enterrado de forma intencional en lo que se considera el cementerio más antiguo conocido, ubicado en el Levante, una región clave donde confluyeron poblaciones humanas provenientes de África y Eurasia durante el Pleistoceno Medio.

Según la investigación dirigida por Israël Hershkovitz, paleoantropólogo de la Universidad de Tel Aviv, la revaluación del cráneo mediante tomografías computarizadas y reconstrucciones 3D permitió observar una combinación de rasgos que no se ajusta a una sola especie. Mientras la estructura craneal coincide mayormente con la de un Homo sapiens, la mandíbula muestra características propias de los neandertales, lo que sugiere una afinidad biológica estrecha entre ambos grupos.

Hershkovitz asegura que estos resultados son “revolucionarios”, ya que desplazarían en alrededor de 100.000 años el primer encuentro entre neandertales y humanos modernos, situándolo mucho antes de los 50.000 años que se consideraban hasta ahora.

No obstante, el investigador aclara que el niño no sería un híbrido directo, sino parte de una población con introgresión genética, es decir, un grupo biológico donde el flujo de genes entre ambas especies se habría dado de manera gradual a lo largo del tiempo.

El estudio también resalta la importancia del hallazgo desde una perspectiva cultural. Skhūl I formó parte de un enterramiento colectivo con presencia de ofrendas, lo que indicaría que hace 140.000 años ya existían prácticas funerarias complejas y un sentido de pertenencia grupal. Este hallazgo desafía la idea de que los cementerios y los rituales mortuorios son elementos recientes en la historia humana, sugiriendo que comportamientos simbólicos sofisticados surgieron mucho antes de lo que se pensaba.

Sin embargo, no todos los especialistas están convencidos. Antonio Rosas, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España, cuestiona la interpretación morfológica del estudio, argumentando que la combinación de una base craneal típica de Homo sapiens y una mandíbula neandertal “tiene poco sentido biológico”. Señala además que el entierro pudo haber sufrido alteraciones posteriores, por lo que no se puede descartar que la mandíbula perteneciera a otro individuo. Rosas y otros expertos insisten en que solo un análisis de ADN permitiría confirmar o refutar las conclusiones, aunque recuperar material genético en fósiles tan antiguos sigue siendo uno de los mayores desafíos de la paleoantropología.

A pesar de las discrepancias, el hallazgo de Skhūl I vuelve a poner sobre la mesa la complejidad del árbol evolutivo humano, en el que diversas poblaciones y especies coexistieron y se mezclaron a lo largo de milenios. De confirmarse estas hipótesis, el niño enterrado en el Monte Carmelo podría ser una pieza clave para entender cómo surgieron los humanos modernos y cómo interactuaron con otros linajes humanos que habitaron el planeta durante el Pleistoceno.

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