Ciencia

¿Los animales se emborrachan?

Cuando pensamos animales tambaleándose por el bosque lo relacionamos comúnmente a una caricatura, a video viral o a la IA, pero detrás de esa imagen hay una pregunta curiosa y sorprendentemente seria: ¿los animales realmente pueden emborracharse? La respuesta corta es sí… pero la razón es más interesante de lo que parece.

En la naturaleza, muchas frutas maduras comienzan a fermentarse de forma espontánea cuando la levadura presente en su piel convierte sus azúcares en alcohol, esto puede suceder en el suelo, en las ramas de un árbol o incluso en el interior de frutos caídos y expuestos al sol; para la mayoría de los animales, ese alcohol está en cantidades muy pequeñas, pero algunos sí llegan a consumirlo y a mostrar comportamientos que, por decirlo de forma simple, parecen “borrachos”.

Uno de los casos más conocidos es el de los elefantes africanos, protagonistas de historias populares que aseguran que se embriagan con los frutos fermentados del marula -aunque los científicos han discutido si realmente el fruto contiene suficiente alcohol como para afectar a un animal tan grande- lo cierto es que se han observado elefantes consumiendo grandes cantidades de frutas fermentadas y comportándose de manera inusual: más juguetones, menos coordinados o incluso irritables, es verdad, no es exactamente una borrachera humana, pero sí una reacción a las sustancias fermentadas.

Otros animales también tienen sus propios “tragos naturales”, ejemplo de ello están los murciélagos frugívoros, consumen néctares y frutas fermentadas de manera habitual, sin embargo, a diferencia de otros animales, su organismo está tan adaptado a una dieta azucarada y cambiante que metabolizan el alcohol con enorme eficiencia. Estudios han mostrado que pueden ingerir niveles que serían peligrosos para otros animales… sin perder el control del vuelo.

Los monos son otro caso fascinante, se han observado  que algunas poblaciones que viven cerca de plantaciones o selvas tropicales se ven atraídas por ese olor dulce y penetrante de las frutas fermentadas, de ellos se han documentado comportamientos claramente alterados: juegos más bruscos, pérdida momentánea de coordinación e incluso una especie de “desinhibición” social que recuerda a lo que ocurre en humanos, por ello no es casualidad que existan tantas historias de primates robando bebidas alcohólicas a turistas: su gusto por los sabores fermentados tiene un origen natural.

En lugares fríos, los renos también han sido observados buscando setas con efectos psicoactivos o frutos estacionales que comienzan a descomponerse y aunque no se trata de una intoxicación alcohólica en el sentido estricto, sí muestra que los animales exploran a veces sustancias que alteran su comportamiento.

Sin embargo, es importante aclarar algo: la mayoría de los animales no buscan emborracharse, hay que recordar que la fermentación es un proceso que forma parte del ciclo natural de las frutas, y los animales simplemente las consumen como parte de su dieta. Su metabolismo, además, suele procesar el alcohol de manera más rápida que el humano, evitando intoxicaciones fuertes. En muchos casos, lo que vemos como “borrachera” puede ser solo una reacción leve o temporal.

Aun así, no se puede negar que estos ejemplos muestran un lado curioso y poco conocido del mundo animal: incluso en la naturaleza, y sin bares ni botellas, existen encuentros inesperados con el alcohol y que se trata de una parte más de la relación entre los animales y su entorno, donde los olores dulces, la maduración de los frutos y los cambios del clima pueden crear pequeños episodios de intoxicación accidental.

Al final, la pregunta de si los animales se emborrachan nos recuerda algo esencial: la naturaleza está llena de sorpresas y aunque ellos no celebren ni hagan brindis, a veces también se ven envueltos —literalmente— en una fiesta de fermentación.

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