El celular no te deja dormir: así afecta las pantallas la calidad del sueño

Todos tenemos una rutina parecida: despertamos a la misma hora, salimos de casa casi siempre al mismo tiempo e incluso tratamos de comer en horarios fijos. Sin embargo, cuando llega la noche, algo falla. Nos acostamos cansados… y aun así no podemos dormir.
Responder a esta pregunta no es sencillo, porque el descanso depende de muchos factores. Pero hay uno que hoy se repite en millones de personas en todo el mundo: el uso excesivo del celular.
De acuerdo con diversos estudios, más del 40 % de la población mundial tiene problemas para conciliar el sueño, y uno de los principales responsables son los dispositivos móviles. Teléfonos, tabletas y pantallas que nos acompañan hasta el último minuto del día.
El problema no es solo el tiempo que pasamos frente a ellos, sino lo que provocan en nuestro cuerpo.
Cuando pasamos mucho tiempo frente al celular, la computadora o la televisión, nuestro cuerpo se confunde. La luz de las pantallas le manda el mensaje de que todavía es de día, así que deja de producir la secreción de melatonina (sustancia que provoca y regula el ciclo del sueño). Al mismo tiempo, el cuerpo entra en modo “alerta” aumentando los niveles de cortisol y por ende provocando estrés. El resultado es que, aunque estemos cansados, nos cuesta trabajo dormir, descansar bien y desconectarnos por la noche.
El resultado es conocido por muchos: estamos agotados, pero no logramos dormir bien. Damos vueltas en la cama, despertamos varias veces durante la noche o nos levantamos sin sentirnos realmente descansados.
Este desequilibrio no solo afecta el sueño. El uso excesivo del celular también puede alterar el ritmo cardiaco y generar un desgaste físico y mental que se acumula con el tiempo.
¿Por qué dormir mal nos afecta tanto?
Dormir no es simplemente “cerrar los ojos”. El sueño se divide en distintas etapas, y cada una cumple una función clave para el cuerpo y la mente.
Primero está el adormecimiento, una transición breve entre estar despiertos y dormir. Después viene el sueño ligero, cuando el cuerpo comienza a relajarse y el ritmo cardiaco disminuye.
Más adelante se alcanza el sueño profundo, considerado el más reparador. En esta fase el cuerpo se recupera, la actividad cerebral es muy lenta y despertar resulta difícil.
Finalmente está la fase REM, donde ocurren los sueños más intensos y el cerebro procesa la memoria y el aprendizaje.
Cuando el uso del celular interrumpe este proceso, el cuerpo no logra completar adecuadamente estas etapas. Dormimos, sí, pero no descansamos.
¿Cómo mejorar la calidad del descanso?
Especialistas recomiendan establecer horarios de sueño y, sobre todo, evitar el uso de dispositivos móviles al menos dos horas antes de dormir. Este pequeño cambio ayuda a que el cuerpo se relaje, reconozca que es momento de descansar y concilie el sueño con mayor facilidad.
En un mundo hiperconectado, apagar el celular por la noche puede parecer un reto, pero también puede ser la diferencia entre dormir mal… o despertar realmente descansados.



