Claudia Tacoronte no fue la primera, 4 jóvenes en 7 meses

Claudia tenía 21 años, vino desde España a estudiar a México y menos de un mes después fue asesinada, hasta aquí, una historia terrible pero hay un dato que la vuelve todavía más difícil de ignorar: Claudia era la cuarta alumna vinculada a la misma universidad asesinada en apenas siete meses; cuatro jóvenes, siete meses.
¿En qué momento dejamos de hablar de casos separados y empezamos a preguntarnos qué está pasando alrededor de esta comunidad universitaria?
Claudia Tacoronte estudiaba Educación Infantil en la Universidad de Granada y estaba de intercambio en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, el sábado había viajado a Cuautla para asistir a la Fiesta Nacional de la Planta Medicinal.
La principal hipótesis de la investigación es que intentaron asaltarla para quitarle su celular, Claudia habría intentado escapar y refugiarse en la Casa de la Cultura, el agresor la sigue y la hiere en el vientre.
Claudia todavía alcanzó a pedir ayuda, testigos llamaron al 911; reportan testimonios la espera de ambulancia y patrulla entre 25 y 40 minutos.
Claudia murió antes de recibir atención médica.
Tenía 21 años y no llevaba aquí ni un mes, pero Claudia no fue la primera antes estuvieron Kimberly Ramos, Karol Toledo y Michelle Fuentes
Kimberly y Karol tenían 18 años, Michelle, apenas 15.
Cuatro estudiantes vinculadas a la UAEM asesinadas en siete meses y los estudiantes ya habían salido a protestar, ya habían hecho paros, ya estaban pidiendo mayor seguridad.
Después de Kimberly y Karol llegaron incluso a decir algo muy fuerte: “no sabíamos que estudiar te costaba la vida”.
Y ahora están marchando otra vez.
Los alumnos dicen que no se sienten seguros ni dentro de la universidad ni en las calles.
Hablan de cámaras insuficientes, falta de protocolos y problemas de seguridad en el entorno universitario. Y también cuestionan que los estudiantes extranjeros lleguen sin suficiente información sobre los riesgos que enfrenta Morelos.
La universidad, por su parte, sostiene que ha reforzado su infraestructura de seguridad con cámaras, luminarias, personal y botones de alerta.
Entonces tenemos dos realidades que chocan: una institución que dice: «hemos reforzado la seguridad…»
y estudiantes que siguen diciendo: “tenemos miedo”.
Y cuando se ha cuestionado a la rectora por estos casos, ha señalado algo que también es cierto: ocurrieron fuera de las instalaciones universitarias.
Pero… ¿ahí termina su responsabilidad?
Porque una cosa es preguntarnos quién tenía la responsabilidad de evitar un crimen y otra completamente distinta es preguntarnos:
¿quién tiene la responsabilidad de advertir, prevenir, acompañar y escuchar cuando los estudiantes llevan meses diciendo que tienen miedo?
Y aquí aparece quizá la parte más incómoda: Claudia no llegó como turista.
Llegó mediante un convenio académico entre dos universidades.
La Universidad de Granada asegura que desconocía los asesinatos anteriores de alumnas de la UAEM y sostiene que la universidad mexicana no le había comunicado esos casos.
Y aquí sí tenemos que preguntar: si recibes a una joven extranjera mediante un convenio académico, ¿no forma parte de tu responsabilidad informarle —a ella y a su universidad— del contexto de seguridad que está viviendo tu propia comunidad?
No estoy diciendo que saberlo hubiera evitado lo que ocurrió, nadie puede saber eso.
Estoy diciendo algo mucho más básico: para decidir qué riesgo estás dispuesto a asumir, primero tienes que conocerlo.
Porque después de la muerte de Claudia, Granada conoció esos antecedentes y suspendió las siguientes movilidades hacia la UAEM.
Tres estudiantes que viajarían el próximo semestre ya no serán enviados a Morelos, entonces la información sí cambió una decisión y si fue suficientemente importante para cambiar la decisión de tres estudiantes después de Claudia…
¿por qué Claudia no pudo tenerla antes?
¿Claudia hoy tiene atención internacional porque era española?
Pero antes de Claudia ya estaban Kimberly, Karol y Michelle.
Y sus compañeros ya estaban hablando.
Así que quizá la discusión no termina en si estos hechos ocurrieron dentro o fuera de una universidad.
La pregunta es:
¿dónde termina la responsabilidad de cuidar a una comunidad universitaria?
¿En la puerta del campus?
¿En tener cámaras y luminarias?
¿En advertir los riesgos?
¿En escuchar cuando tus estudiantes te dicen que tienen miedo?
¿O en todo lo anterior?
Porque una universidad no puede garantizar que nada malo ocurra fuera de sus instalaciones.
Pero quizá sí debería garantizar que sus estudiantes tengan toda la información disponible para decidir los riesgos que están dispuestos a correr.
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