Privacidad en tiempos de TikTok | ¨Hablemos de…¨con Ericka Carmona

Imagínate esto: estás discutiendo con tu pareja en un restaurante, volteas… y alguien te está grabando; no sabes quién es, no te preguntó, no conoces el contexto que va a poner, pero al día siguiente tú ya eres: “la tóxica del restaurante”. Tres millones de vistas, miles de comentarios; ya encontraron tu Instagram, tu trabajo, a tu pareja y, probablemente alguien diga: “Pues si no quería que la grabaran, que no lo hubiera hecho en público», pero… ¿de verdad funciona así?
Soy Ericka Carmona y esto es Hablemos de… Nos acostumbramos a sacar el celular cuando vemos una pelea, cuando alguien llora, cuando una persona se cae, cuando una pareja discute, cuando alguien hace algo que nos parece ridículo y, ya ni siquiera grabamos solamente para recordar lo que vimos, grabamos pensando en publicarlo. Y muchas veces hasta sabemos el título antes de terminar de grabar: “No van a creer lo que hizo esta señora…” “POV: te encuentras a la persona más tóxica del mundo…” Y aquí viene algo que quizá no sabías: estar en un lugar público no significa automáticamente que cualquiera pueda hacer lo que quiera con tu imagen.
En México existe el derecho a la propia imagen y la ley contempla cuándo puede utilizarse o publicarse la imagen de una persona y sus excepciones; además, la Suprema Corte hace una distinción que me encanta: una cosa es el interés público… y otra el interés DEL público, no es lo mismo documentar una agresión, una injusticia o un hecho relevante… que exhibir el peor momento de un desconocido porque sabemos que va a dar views.
Y aquí quiero complicarlo todavía más: ¿qué pasa cuando grabar sí ayuda? Porque un celular también puede documentar abuso policial, acoso, violencia, discriminación, puede convertirse incluso en evidencia, entonces no, la respuesta tampoco puede ser simplemente: “No grabes a nadie.” El problema quizá está en lo que hacemos después de grabar. ¿Informamos? ¿Denunciamos? ¿Ayudamos? ¿O subimos el video, mostramos la cara y dejamos que millones de desconocidos dicten sentencia con treinta segundos de contexto? Porque antes podías tener el peor día de tu vida frente a veinte personas, hoy una de esas veinte puede grabarte… y hacer que ese día te persiga durante años.
Y hay algo que me parece todavía más incómodo: cuando nosotros vemos estos videos, comentamos, compartimos y buscamos la segunda parte… también participamos.
Quizá la pregunta ya no es: “¿Puedo grabarte?” Es: “¿Que pueda hacerlo significa que debería hacerlo?” Porque no todo lo privado ocurre en privado; Y no todo lo que ocurre en público… nos pertenece.
¿Tú qué harías? Si ves una discusión en un restaurante: ¿grabas, intervienes o sigues con tu vida?



